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El Delfín finge demencia por campaña ilegal, la esposa lo respalda.

El cinismo político en Tlaxcala que ya cansa hasta al más paciente, es lo que representa ahora Marcela González Castillo, dirigente estatal de Morena en Tlaxcala y esposa del alcalde Alfonso Sánchez García —el ungido "delfín" de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros—, soltó una declaración que raya en lo insultante. Niega que el partido se use para promocionar aspiraciones personales, pide "respetar los tiempos electorales" que supuestamente empiezan en septiembre y asegura que Morena obedece a un "interés colectivo, no a intereses personales”.

¿En serio, Marcela? Mientras las bardas de todo el estado se llenan de pintas y se distribuyen millares de impresos con la campaña ilegal de su esposo y el aparato gubernamental y partidista mueven cielo y tierra para posicionar a su esposo como sucesor en 2027, ella finge demencia y se lava las manos. 

Las denuncias de militantes fundadores por influyentismo, nepotismo y actos anticipados de campaña empiezan, incluso con quejas formales ante instancias del partido y el TEPJF. Pero la líder morenista responde con la cantaleta de siempre: "no son los tiempos", "esperemos la convocatoria nacional" y "prohibimos la calumnia".

Es la clásica maniobra del que se sabe intocable: negar lo evidente mientras el cochinero familiar opera a plena luz del día. González Castillo, colocada en la dirigencia estatal gracias a su vínculo matrimonial y al favor de la gobernadora, convierte Morena Tlaxcala en un instrumento de poder dinástico, no en un movimiento de transformación. Las bases gritan hartazgo, exigen su salida y denuncian que el partido se usa para blindar al "favorito" del Palacio de Gobierno.

Esta farsa de imparcialidad ofende la inteligencia. Mientras clama unidad rumbo a 2027, la realidad muestra división, manipulación y un partido secuestrado por intereses conyugales y palaciegos. En Tlaxcala, la 4T se reduce a una sucesión familiar disfrazada de proceso democrático. Y Marcela, con lengua mordida y cara de póker, sigue fingiendo que no ve el desastre que ella misma ayuda a perpetuar.

El Delfín finge demencia por campaña ilegal, la esposa lo respalda.

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