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  • Martin Ruiz
Evitar a cualquier costo que Ana Lilia sea la candidata de Morena.
- Instruyen a los titulares de las dependencias en cómo violar las leyes electorales.
 
 
Tlaxcala se encuentra bajo el asedio de una maquinaria electoral disfrazada de gobierno. Al interior del Palacio de Gobierno, el Clan Lorena Cuéllar-Sánchez García puso en marcha hace varias semanas una estrategia de "tierra arrasada" para garantizar que el 2027 no sea una elección, sino una sucesión monárquica. Contrató a una empresa especializada en control de crisis, guerra sucia y estrategia electoral, que factura millones de pesos por sus servicios.
 
El objetivo es claro: imponer al "delfín" de la gobernadora y cerrar, a cualquier costo, el paso a la senadora Ana Lilia Rivera. 
 
Para esta red corrupta de poder, la ley no es un límite, sino una herramienta maleable. El gabinete legal y ampliado ha recibido instrucciones precisas de operar bajo un esquema de propaganda personalizada que desafía los principios de equidad. 
 
Utilizando como manual la Jurisprudencia 12/2015, el clan instruye a sus funcionarios a explotar los elementos personal, objetivo y temporal. Saben que, mientras sus voces, imágenes y símbolos no se presenten explícitamente como un llamado al voto "dentro" del proceso, pueden saturar el imaginario colectivo con la figura del elegido, evadiendo la infracción constitucional bajo el cínico argumento de que no hay "proximidad del debate".
 
La Trampa de la "Cultura" y lo "Social"
 
La estrategia del clan es perversa. Se apoyan en la Tesis LXII/2016 para convertir cada evento público, fiesta patronal o entrega de apoyos en una plataforma de posicionamiento político. Bajo el pretexto de realizar "invitaciones a celebraciones de carácter cultural y social", los secretarios de despacho tienen la orden de tapizar el estado con lonas, pendones y gallardetes. 
 
El cinismo y la desvergüenza particularmente de los secretarios de Cultura y Turismo estatales, Karen Villeda y Fabricio Mena (cuñado de la gobernadora), respectivamente, son de los principales operadores torciendo los programas públicos de sus dependencias para desviarlos a fines electorales en beneficio del delfín Alfonso Sánchez García.
 
La inmoralidad es total: la consigna es que, mientras no se difundan "logros de gobierno" de forma técnica, cualquier despliegue de imagen es válido. Es una simulación institucional donde el erario de los tlaxcaltecas financia la campaña anticipada de un favorito, mientras se bloquea sistemáticamente cualquier mención o presencia de Ana Lilia Rivera, a quien ven como la amenaza real a su hegemonía familiar.
 
Lorena Cuéllar no tiene secretarios ni directores generales, tiene operadores electorales. 
 
El gabinete ampliado ha sido advertido: su permanencia depende de su capacidad para "socializar" al delfín sin dejar huellas legales evidentes. La orden es utilizar la "promoción personalizada" fuera del proceso electoral para generar una presunción de invencibilidad.
Esta red no solo busca el poder, busca la impunidad transexenal. 
 
El Clan Cuéllar-Sánchez García ha transformado las oficinas del Estado en una gran casa de campaña permanente. Sin embargo, en su afán por burlar la ley electoral con jurisprudencias interpretadas a conveniencia, olvidan que la ciudadanía ya se percató del delincuencial proceder de la gobernadora, que está muy asustada por entregar el poder a alguien diferente a alguno de sus cómplices. 
 
El 2027 ya empezó en Tlaxcala, pero no en las urnas, sino en las cloacas de una administración que le teme a la democracia interna y busca proteger su salida con los bolsillos llenos, sin que nadie los persiga.