- Política
Lorena Cuellar piensa que el pueblo tlaxcalteca es tonto y tolera sin respingar las viejas prácticas caciquiles, implantadas por el viejo régimen del PRI del que ella proviene, pues intenta imponer a su candidato para el 2027 a costa de la voluntad de los tlaxcaltecas, de la dirigencia nacional de Morena, de la propia presidenta Sheinbaum y de todo aquel quien intente frenarla.
El lorenismo como “nueva clase política” (SIC) no busca el bienestar de los ciudadanos, busca el poder, hacer uso criminal del presupuesto y que se herede a sus “nahualitos” para seguir gozando de todo tipo de canonjías y privilegios.
Lo preocupante es “la sombra de los caudillos” tlaxcaltecas del PRI, esos rancios Paredes Rangel, Sánchez Anaya, Héctor Ortiz, González Zarur, Mena Rodríguez, que se niegan a aceptar que México y Tlaxcala han cambiado y que las nuevas generaciones estamos hartos de su injerencia en el gobierno estatal.
Esta vieja casta sigue influyendo en la política local, no se quieren ir, aunque anden ya en sillas de ruedas y conectados a un tanque de oxígeno. Influyen en las decisiones de la gobernadora, en la conformación de su gabinete y en los cambios que realiza, porque le conviene a Lorena tenerlos pegados a una ubre del presupuesto.
De hecho, los viejos caudillos en Tlaxcala nunca han dejado el poder y aunque Cuéllar se proclame morenista y que avala la 4T, en realidad no es más que una representante de aquel sistema caduco, que los mexicanos creíamos ya extinto y que parece resurgir con la imposición del Baches Sánchez García como candidato a la gubernatura.
Los tlaxcaltecas que creemos en la democracia, porque sí existimos, no votamos en contra de un régimen autoritario para consolidar otro del mismo “chiquero”, pero con diferente nombre.
Desafortunadamente el enquistamiento de estos políticos del PRI en Morena podría frenar cualquier intento de apertura democrática. Ellos se sienten que son la democracia viviente, se pasean impunemente aunque “traigan el culo de paja”, ven a Tlaxcala como su propiedad y a la lana del erario como su cuenta bancaria personal.
Vargas Llosas se refirió hace algunos años al gobierno de México como la dictadura perfecta, no obstante, Octavio Paz fue más certero al calificarlo no como dictadura, sino como un sistema sumamente enraizado y dañino en nuestro país.
Parece que la consigna de los lorenistas es la búsqueda del poder por el poder, pues estamos muy cerca de la elección interna del candidato de Morena y Lorena Cuéllar ya cree que decidió por toda la base del partido anticipadamente, se está gastando todo lo que puede para imponer a un pelele “nahualón” que aún no termina su periodo como presidente municipal.
El “nahualón” alcalde es un individuo mandilón, miedoso y cobarde, no sabe ni porqué lo eligió a él la gobernadora; es como muñeco de ventrílocuo que dice lo que le piden que diga y se calla cuando lo mandan a la maleta.
Lo que no toma en cuenta la gobernadora y su sequito, es que cuando a una sociedad se le impone candidatos no gratos y tienen tras de sí mucha cola que les pisen, la sociedad se rebela, basta con revisar nuestra propia historia.
Porfirio Díaz se religió varias veces en el poder junto con su gabinete, compartió privilegios con unos cuantos e impuso nefastos candidatos en los estados y el resultado fue la revolución, una revolución que fue traicionada, interrumpida por aquellos políticos que gobernaron el país por más de 80 años.
Son los mismos caudillos tlaxcaltecas traicioneros que Lorena Cuellar convocó para dar respaldo a su candidato, porque su origen es el viejo régimen, esos que ya no deberían de tener cabida en nuestro estado, son descendientes como ella de las familias más corruptas de la política tlaxcalteca, que usurparon al poder en Tlaxcala y se lo heredan unos a otros.
No es posible que la presidenta y la dirigencia nacional de Morena avalen las acciones autoritarias e impositivas de la gobernadora para ungir a su delfín. Si la 4T busca en verdad la transformación de México y de Tlaxcala, debe frenar al grupo lorenista y evitar que se incurra de nuevo en estas prácticas del antiguo régimen.
Lo más desafortunado sería que los propios tlaxcaltecas permitamos que el viejo PRI decida por nosotros y prevalezcan sus intereses de familia, de grupo, de casta y de mafia en el poder.


