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Lo que se presenta como una inocente kermés el pasado 14 de febrero en el salón de fiestas El Tirol, en Ocotlán, no fue más que un burdo acto anticipado de campaña para Alfonso Sánchez García, el mentiroso alcalde de la capital tlaxcalteca y ungido delfín de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros en la carrera por la sucesión de 2027.
Denuncias en poder de este medio revelan la cruda realidad detrás del evento. Testigos presenciales aseguran que asistieron no por diversión o tradición, sino por una invitación directa de la propia gobernadora, canalizada a través de líderes comunitarios del municipio, quienes pidieron llevar 10 personas más a cada uno de nosotros. “Nos dijeron que si íbamos a gritar y felicitar al tal Alfonso nos pagarían y nos darían de comer. Y así fue: 500 pesos por cada uno de nosotros, más una torta y agua”, relató uno de los asistentes, bajo anonimato por temor a represalias.
Este mecanismo de acarreo y compra de aplausos no es nuevo en el repertorio del clan Cuéllar-Sánchez.
Mientras el alcalde niega que las bardas que están pintadas con su nombre con fines electorales en todo el estado y en su municipio sean autorizadas por él y que sean por cualquier intención de campaña anticipada, la evidencia apunta a una operación sistemática para inflar su imagen a costa de recursos dudosos y manipulación de la pobreza. Invitar gente humilde a un salón privado, pagarles por fingir entusiasmo y regalarles migajas no es fiesta; es extorsión disfrazada de generosidad.
El cinismo alcanza niveles insultantes: en plena víspera de San Valentín, se usó un pretexto festivo para montar un mitin encubierto, violando el espíritu —y probablemente la letra— de las normas electorales que prohíben actos anticipados. Lorena Cuéllar, desde el Palacio de Gobierno, parece orquestar la imposición de su sucesor sin pudor, recurriendo a las mismas prácticas clientelares que han desprestigiado a Morena en Tlaxcala.
Alfonso Sánchez García, lejos de gobernar con transparencia, prefiere invertir en pantomimas populares.
Los tlaxcaltecas merecen autoridades que resuelvan problemas reales —inseguridad, agua, empleo— y no payasos que compran ovaciones con 500 pesos y una torta. Esta kermés no celebró el amor; celebró la impunidad y el desprecio por la democracia.


