- Gobierno
La cancelación de la visita de ayer a Tlaxcala del secretario federal de Seguridad no fue un simple ajuste de agenda: fue un síntoma político. En el equipo de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros no hubo molestia, sino alivio. Y ese detalle lo dice todo. Cuando un gobierno se siente sólido en resultados, busca el escrutinio; cuando no los tiene, lo evita.
En la columna de opinión “Redes de Poder” de Reporte Índigo publicada este 18 de febrero, confirma la cancelación de la visita del hombre más poderoso del gabinete de la presidenta Sheinbaum en materia de seguridad nacional.
https://www.reporteindigo.com/opinion/redes-de-poder-20260217-0133.html
La presencia de Omar García Harfuch, actual titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, habría significado una revisión estricta y puntual de inteligencia, coordinación y combate al delito en el gobierno de Lorena Cuéllar. No era una reunión de cortesía. Era un examen. Y Tlaxcala no tiene buenas calificaciones.
El discurso oficial local presume estabilidad y avances. Sin embargo, los datos del INEGI muestran que la percepción de inseguridad entre los ciudadanos se mantiene elevada, más del 70 por ciento. Esa percepción no surge del vacío: responde a experiencias e intentos de linchamientos, más cotidianos robos por todo el estado, asaltos a bancos, violencia y presencia del crimen que desmienten la narrativa gubernamental.
La seguridad no se mide solo en boletines, sino en la tranquilidad con la que la gente sale a la calle.
Además, los registros del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública han reflejado fluctuaciones en delitos de alto impacto que difícilmente sostienen el optimismo estatal. Más preocupante aún es la falta de resultados contundentes en desarticulación de redes criminales y en fortalecimiento institucional de policías locales.
¿Por qué le incómoda l a Lorena Cuéllar la visita de Harfuch? Porque su perfil técnico y su reputación de mano firme implican exigencia de evidencia, no relatos. Una reunión de alto nivel obligaba a la administración de Cuéllar a demostrar con datos verificables la eficacia de su estrategia. Implicaba explicar la brecha entre cifras oficiales y percepción social. Implicaba aceptar que, pese a los discursos, la confianza ciudadana está erosionada.
Y esa erosión tiene rostro territorial. Municipios como Apizaco, Huamantla, San Pablo del Monte, Calpulalpan, Chiautempan y Tlaxcala de Xicohténcatl concentran denuncias por robo, asaltos y violencia que los habitantes reportan con creciente preocupación.
En estas demarcaciones, cámaras empresariales, comerciantes y transportistas hablan de extorsiones y pérdidas constantes, mientras vecinos denuncian patrullajes insuficientes. Son focos que no pueden maquillarse con comunicados optimistas y que evidencian una estrategia estatal rebasada por la realidad cotidiana.
El problema de fondo no es la ausencia de una reunión, sino lo que simboliza: un gobierno que no parece listo para rendir cuentas ante un escrutinio serio. En seguridad pública no hay espacio para la simulación. Cuando la percepción ciudadana contradice al discurso oficial, el mensaje es claro: la estrategia no está funcionando. Y cancelar una visita no cancela la realidad.


