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Tlaxcala no solo es uno de los estados más pequeños geográficamente; bajo la administración de Lorena Cuéllar Cisneros, se ha convertido también en una de las entidades con la gestión pública más raquítica y cuestionada del país. Los resultados del más reciente "Ranking de Gobernadores" de la firma Statistical Research Corporation (SRC), correspondiente a febrero de 2026, no son solo una cifra fría: son el grito de desesperación de una ciudadanía que se siente abandonada.
Ubicada en el vergonzoso lugar número 27 de 32 posibles, Cuéllar Cisneros arrastra una aprobación de apenas el 41.4%. Esto significa que casi seis de cada diez tlaxcaltecas reprueban tajantemente su gestión. No es una caída fortuita, sino el resultado de una política de puertas cerradas, una inseguridad que ha dejado de ser "percepción" para convertirse en realidad cotidiana y una falta de resultados tangibles en infraestructura y salud.
Lorena se encuentra en el sótano de la política nacional, porque ha logrado lo que pocos: unificar a la opinión pública, pero en su contra. Mientras gobernadores de otros estados fronterizos o del norte logran capitalizar el desarrollo económico, en Tlaxcala el tiempo parece haberse detenido. Al observar el fondo de la tabla, Cuéllar comparte el fango de la desaprobación con personajes cuyo desempeño ha sido históricamente paupérrimo.
La gobernadora de Tlaxcala se encuentra peligrosamente cerca de los peores evaluados del país. Se codea en el sótano con figuras como Layda Sansores de Campeche (41.1%), Alfredo Ramírez Bedolla de Michoacán (40.8%) y el eterno colero, David Monreal de Zacatecas, quien con un lánguido 33.9% encabeza la lista de los más repudiados. Estar en este selecto grupo de los "reprobados" evidencia que la administración de Cuéllar ha perdido toda brújula social.
La humillación estadística es más evidente al comparar a Tlaxcala con los punteros. Mientras que Manolo Jiménez en Coahuila presume un 62.5% de aprobación, Cuéllar se queda a más de 20 puntos de distancia. Incluso estados con retos mayúsculos de seguridad como Nuevo León, con Samuel García (59.4%), superan por mucho la gestión de una Lorena Cuéllar que parece más preocupada por imponer a su delfín en la candidatura de Morena para el 2027, que en ponerse a trabajar en lo verdaderamente importante para el bienestar del pueblo.
La calificación de 41.4% es un recordatorio de que la confianza se gana con hechos, no con retórica. Si la tendencia continúa, Cuéllar Cisneros terminará su sexenio no solo como una de las peores evaluadas, sino como el símbolo de una oportunidad perdida para el estado. La ciudadanía ya la juzgó, y el veredicto es claro: está reprobada.
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