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  • .Adolfo Tenahua Ramos
Fuera de los tiempos electorales su presencia en el estado es prácticamente nula.

Cada vez que se aproximan los procesos electorales, la historia se repite: la diputada federal del Partido del Trabajo, Irma Garay Loredo, reaparece en territorio tlaxcalteca con discursos de cercanía y compromiso social; sin embargo, fuera de los tiempos electorales su presencia en el estado es prácticamente nula.

 

Aunque en eventos públicos asegura mantener empatía y compromiso con la ciudadanía, en los hechos diversos sectores señalan que la legisladora no es una diputada de campo ni cercana a la gente. Por el contrario, ciudadanos han manifestado que durante largos periodos su oficina en el Congreso de la Unión permanece inaccesible, sin dar respuesta clara a gestiones ni solicitudes.

 

En el marco de la reciente gira del senador Gerardo Fernández Noroña en Tlaxcala, Garay Loredo destacó sentirse “privilegiada” de acompañarlo y habló de un movimiento cercano al pueblo. No obstante, los ciudadanos cuestionaron que ese discurso solo surge cuando el calendario electoral comienza a avanzar y la necesidad de posicionamiento político se vuelve prioritaria.

 

Mientras en asambleas se habla de “reencuentro al ras de tierra” y de fortalecer la conciencia social, en la práctica muchos ciudadanos se preguntan dónde estuvo la diputada durante los meses y años en que no hubo reflectores ni campaña en puerta.

 

La inconformidad no solo radica en su escasa presencia territorial, sino en la percepción de que su actividad política responde más al protagonismo y a la búsqueda de posicionamiento personal que a una agenda legislativa constante y efectiva para Tlaxcala.

 

La legisladora se le ve visitando las comunidades sólo cuando los tiempos electorales se acercan para sacar “raja política” y de manera oportunista colocarse en un nuevo puesto de elección popular para continuar viviendo del erario como lo hace desde hace unos años, donde a través del partido de la estrella se ha adueñado de espacios basados en privilegios y no en un verdadero cauce de apoyo a la ciudadanía.

 

Para lo habitantes la representación popular no debe ser intermitente ni condicionada a coyunturas electorales. La ciudadanía exige legisladores permanentes, no visitantes temporales que regresan únicamente cuando se acerca el momento de pedir nuevamente el voto.

 

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