- Tlaxcala
El atrio del conjunto conventual y la Catedral de Tlaxcala —sitio reconocido como Patrimonio de la UNESCO — se ha convertido nuevamente en escenario de una grave falta de respeto e invasión al patrimonio histórico. Bajo la mirada complaciente, irresponsable y la evidente omisión del delegado del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en el estado, José Vicente de la Rosa, comerciantes ambulantes se han instalado en el atrio para vender antojitos y bebidas, alterando un espacio monumental que debería estar estrictamente protegido.
Las imágenes evidencian la instalación de carpas, mesas y puestos de comida dentro del recinto histórico, con anclajes improvisados que implican perforaciones en el piso y amarres a árboles y estructuras cercanas. A ello se suma la generación de basura y el uso del lugar como área comercial de fritangas, una escena incompatible con el carácter histórico y cultural de uno de los principales símbolos de la capital tlaxcalteca.
Lejos de cumplir con su responsabilidad de preservar el patrimonio, el delegado del INAH parece haber optado por la indiferencia. Diversas voces lo acusan de ausentismo en sus funciones y de mantener una actitud permisiva ante acciones que comprometen la integridad del sitio. En lugar de defender el patrimonio histórico, su prioridad —señalan críticos— parece ser mantener buenas relaciones con el gobierno estatal encabezado por Lorena Cuéllar y con el ayuntamiento de Tlaxcala que dirige Alfonso Sánchez García, autoridades que también han sido señaladas por permitir este tipo de intervenciones en el corazón de la capital.
El resultado es un deterioro progresivo del espacio histórico, donde la omisión institucional abre la puerta a la mercantilización de un sitio que debería ser protegido con rigor. La permisividad y violaciones a las leyes federales con la que se invade el atrio de la Catedral de Tlaxcala envía un mensaje preocupante: el patrimonio cultural del estado parece estar sujeto a intereses políticos y a la conveniencia del momento.
En un estado que presume su riqueza histórica, la gestión de José Vicente de la Rosa al frente del INAH en Tlaxcala se perfila, cada vez más, como un serio peligro para la conservación de los monumentos que representan la memoria y la identidad de la región.





