- Seguridad
La aparición de una nueva narcomanta en San Felipe Cuauhtenco, municipio de Contla de Juan Cuamatzi, no es un hecho aislado, sino parte de una secuencia que evidencia la creciente operación de grupos delictivos en Tlaxcala.
El mensaje más reciente, colocado en vía pública, iba dirigido a un sujeto identificado como “El Chuki”. En él se advertía sobre un ataque fallido y se lanzaba una amenaza directa: “en la siguiente no fallamos”. El contenido, lejos de ser ambiguo, revela una confrontación activa entre células criminales que disputan el control de territorio, presumiblemente ligado a actividades como narcomenudeo y extorsión.
Este episodio tiene un antecedente inmediato.
A finales de enero de este año apareció una narcomanta colgada en el puente del Libramiento Tlaxcala, a la altura de Acuitlapilco, en la que un presunto grupo criminal anunció su llegada al estado y advirtió sobre una supuesta “limpia” de delincuentes en el territorio.
El hallazgo fue detectado por las cámaras del C5i, que alertaron a las autoridades y elementos de seguridad acudieron al lugar para retirar la manta e iniciar las investigaciones correspondientes.
Al igual que en el caso de Contla, tras el hallazgo en Acuitlapilco se desplegaron operativos de seguridad; sin embargo, no hubo detenidos ni un informe claro que explicara el origen, veracidad o implicaciones de los mensajes.
La constante en ambos casos son narcomantas con amenazas explícitas, movilización de fuerzas de seguridad y, posteriormente, silencio institucional.
Fuentes hemerográficas y reportes recientes apuntan a que este tipo de mensajes han ido en aumento en la entidad durante los últimos meses, lo que sugiere no solo presencia del crimen organizado, sino una fase activa de confrontación entre grupos que buscan consolidar control territorial.
El uso de narcomantas no es menor, se trata de mecanismos de comunicación criminal que buscan enviar mensajes tanto a rivales como a autoridades y población, evidenciando que quienes los colocan operan con capacidad suficiente para actuar públicamente sin ser detenidos.
Hasta el momento ninguna autoridad estatal o federal ha emitido una postura oficial firme sobre el contenido de los mensajes, las posibles organizaciones involucradas o las acciones concretas para frenar esta escalada.
La falta de información clara y de resultados visibles en las investigaciones alimenta la incertidumbre social y refuerza la percepción de que estos hechos no están siendo contenidos de manera efectiva.
Mientras las narcomantas siguen apareciendo y los mensajes escalan en tono y violencia, la respuesta institucional permanece ausente. En Tlaxcala, la disputa parece estar ocurriendo a la vista de todos menos de las autoridades que tendrían que explicarla.


