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En marzo de 2026, la Secretaría de Salud presentó la Estrategia de Desaceleración del Sobrepeso y la Obesidad. El nombre dice mucho: ya no se habla de reducir, sino de desacelerar.

La Organización Panamericana de la Salud proyecta que, si nada cambia, para 2050 cerca del 90% de la población mexicana vivirá con sobrepeso u obesidad. La pregunta ya no es si el problema existe, sino por qué la curva no se dobla.

Las cifras que desmienten el optimismo

La Ensanut Continua 2020-2023 mostró obesidad en 36.9% de adultos y sobrepeso en 38.3%. En adolescentes, el 41%. Los datos del INSP de 2023 revelan otro dato incómodo: la obesidad en mujeres llegó a 43.7%, contra 37.1% en hombres — una brecha que en 2020 era de casi diez puntos hoy prácticamente desapareció.

La Estrategia Nacional contra el sobrepeso, la obesidad y la diabetes opera desde hace más de una década, con etiquetado frontal desde 2020 y prohibición de comida chatarra en escuelas desde marzo de 2025. Algo ha movido. Pero hay un dato que explica por qué el etiquetado solo no puede ganar — y no es el que la mayoría menciona.

Lo que el sistema produce — no lo que la gente elige

"Es falta de voluntad". Esa frase se repite en sobremesas y consultorios. Suena razonable hasta que uno mira precios. Una botella de refresco de 2 litros cuesta alrededor de 33 pesos en 2026; un kilo de verdura fresca, en muchas colonias populares, cuesta más. Siete de cada diez mexicanos caminan menos de 150 minutos por semana, según la Secretaría de Salud.

El entorno obesogénico no es abstracto:

  • En 241 colonias de la Ciudad de México el agua potable llega por tandeos, y muchas familias terminan sustituyendo el agua por refresco — que cuesta menos que un garrafón.
  • Los tianguis alimentan a millones, pero ofrecen mayoritariamente antojitos, frituras y bebidas azucaradas porque son lo más rentable en ese formato.

Ante eso, el mercado de apoyos para el control de peso creció. Propuestas como las fórmulas naturales de Berzeo México ocupan un espacio que el sistema público no cubre: gente que busca apoyo accesible sin listas de espera.

Un martes cualquiera en Iztapalapa

Son las 9 de la noche. Alguien regresa tras dos horas en Metro y microbús, con dos criaturas que comieron antojitos del tianguis porque no hubo tiempo de pasar al mercado. La opción realista: tres tortas y dos refrescos en el puesto de la esquina, 90 pesos. ¿Qué decisión "correcta" cabe ahí?

El etiquetado funcionó — a medias

Los sellos negros sí cambiaron comportamientos: la intención de compra de productos con advertencias bajó, sobre todo entre consumidores con más escolaridad. Pero el etiquetado no toca los precios relativos.

El IEPS a bebidas saborizadas pasó de 1.64 pesos por litro en 2025 a 3.08 en 2026, casi el doble. Parece medida fuerte, pero una Coca-Cola de 2 litros sigue costando menos que la misma cantidad de agua embotellada en muchas tiendas. El impuesto subió; el precio relativo no se movió lo suficiente.

Lo que los próximos cinco años van a exigir

El investigador Agustín Rojas Martínez, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, calculó que atender la obesidad en México cuesta cerca del 5% del PIB. Y subraya algo incómodo: Salud, agricultura, economía y desarrollo social actúan por separado, sin coordinación territorial. Por eso cada esfuerzo se diluye.

Revertir la tendencia — no solo desacelerarla — exige cinco frentes operando a la vez:

  1. Regulación de entornos: agua potable accesible, espacios seguros para actividad física, control real sobre publicidad infantil digital.
  2. Política fiscal con efecto sobre precios relativos, no impuestos marginales.
  3. Subsidios a frutas, verduras y proteína en colonias de menor ingreso.
  4. Educación alimentaria desde preescolar hasta secundaria.
  5. Coordinación multisectorial con métricas compartidas entre Salud, SEP, Economía y gobiernos estatales.

Países que estabilizaron su prevalencia — Chile, Finlandia — necesitaron entre 15 y 25 años para ver descensos sostenidos. México apenas empieza la segunda década de intervenciones serias.

Un síntoma, no una culpa

La obesidad en México no es el resultado de 90 millones de fallas individuales. Es el producto visible de un modelo alimentario y urbano construido durante tres décadas, que apenas empieza a ser confrontado con políticas que rompen la inercia.

Salir del juicio moral y entrar al diseño de sistemas es el cambio más importante que puede ocurrir en esta conversación. La pregunta de fondo: qué tipo de país queremos ser cuando, en veinte años, alguien mire estas cifras y pregunte qué hicimos.

La información aquí reunida tiene fines divulgativos y parte de fuentes oficiales y académicas mexicanas; para cualquier decisión sobre alimentación, peso o condiciones metabólicas, lo recomendable es acudir con su médico o nutriólogo de confianza, porque cada historia clínica pide su propio camino.