- Educación
La reciente designación de Alonso Trujillo como secretario de Educación Pública de Tlaxcala fue interpretado por un sector como un insulto a la inteligencia ciudadana y la consolidación de una red de complicidades bajo el amparo del actual gobierno estatal.
Trujillo es un advenedizo guanajuatense que habría convertido al Colegio de Bachilleres (COBAT) en su mina de oro personal; hoy escala un peldaño más en la estructura estatal con el aval del Órgano de Fiscalización, la Secretaría Anticorrupción estatal y un Congreso del Estado sumiso que ha decidido ignorar su saqueo sistemático.
Mientras Trujillo se ufanaba de su supuesta vocación religiosa, es Pastor de una iglesia, tras bambalinas orquestaba una estructura de extorsión institucionalizada en los 24 planteles del subsistema.
Denuncias internas revelan un esquema de "cobro de piso" escandaloso: desayunadores y papelerías fueron asignados exclusivamente a sus amigos, diputados y socios del gobierno.
Por cada plantel, estos negocios debían pagar cuotas diarias por alumno —entre 2 y 3 pesos en escuelas con alta matrícula como el Plantel 01, que llega a los 1,800 estudiantes, y un peso fijo en papelerías de menor flujo—.
El negocio se extendía al control absoluto de la venta de libros y materiales; obligaba a los docentes a solicitar libros por materia que sus amigos proveedores vendían a las afueras de cada plantel. Los "moches" por libro iban directos a los bolsillos de Trujillo, un verdadero y escandaloso caso de corrupción.
Bajo su mando, se impusieron paquetes obligatorios para el alumno graduado, con costos que oscilaban entre los 890 y los 2,500 pesos por estudiante, de acuerdo con cada plantel y los niveles económicos de los alumnos. De este monto, el director general y cada coordinador se embolsaban ilícitamente entre 70 y 100 pesos por paquete, según la versión de los denunciantes.
Si consideramos una matrícula total de aproximadamente 17,000 estudiantes y la rotación anual, este esquema generaba ingresos ilegales que fácilmente superan decenas de millones de pesos anuales, fluyendo directamente a los bolsillos de Trujillo y su círculo cercano, burlando cualquier auditoría.
El encargado del cobro de los derechos de piso y los "moches" por los negocios de Trujillo en el COBAT es el director administrativo Guillermo Flores, quien al parecer tiene la encomienda de seguir entregando esos recursos ilícitos al ahora secretario de Educación de Tlaxcala.
El escándalo llegaría hasta la oficina de la asistente de la gobernadora Cuéllar, de nombre Nery Flores, quien fue la que impuso a su primo Guillermo Cósetl Flores como director administrativo del COBAT.
Nery Flores es una de las asistentes más cercanas a la mandataria tlaxcalteca; cuentan que por su oficina pasan todas las personas, familiares y amigos que son impuestas en las dependencias del gobierno, lo que le permitió colocar, además de a su primo Cósetl Flores en el COBAT, a otros familiares en oficinas gubernamentales como "aviadores".
Esa influyente asistente, además de cobrar como asistente del despacho, cuenta con que en la actual administración ya consiguió una plaza en el IMSS-Bienestar y otra en la Secretaría de Educación Pública del Estado.
Son dos plazas laborales las que cobraría para continuar con este "modus operandi" de premios y recompensas para el círculo cercano de la gobernadora.
Trujillo no solo sangró a proveedores y alumnos; utilizó al COBAT como maquinaria electoral, obligando a trabajadores a fungir como "mapaches" para el "delfín" Alfonso Sánchez García.
Es patético ver a un personaje que, además de lucrar con la necesidad ajena, se exhibía en eventos institucionales bajo un falso halo de moralidad y dotes de cantante, ocultando que detrás de sus excentricidades lo único que había era el sonido de una caja registradora.

