Es una maquinaria que lleva meses operando: bardas, lonas, pintas y ahora espectaculares millonarios que promueven al mismo personaje, financiados con recursos cuya procedencia nadie explica. ¿Dinero público desviado? ¿Aportaciones de empresarios cercanos al poder? ¿Fondos de dudosa legalidad? La opacidad es total y la impunidad, absoluta.