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  • Martin Ruiz
Con la nueva Reforma Electoral se acabaron las viejas prácticas de imposición de candidatos: Luisa María Alcalde

La líder nacional de Morena, Luisa María Alcalde, en conferencia de prensa hoy por la mañana, declaró que el partido acompañará “sin regateos” la iniciativa de Reforma Electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum.

Mientras Luisa María Alcalde proclama que con esta reforma “se acabaron los dedazos” en la imposición de candidatos de los partidos como lo hacía el PRI, en Tlaxcala, persisten prácticas caducas de la gobernadora Lorena Cuéllar que contradicen de frente ese mensaje.

Desde hace más de un año, la mandataria ha sido señalada por operar abierta y sistemáticamente para impulsar la candidatura de Alfonso Sánchez García, actual alcalde de la capital, rumbo a la sucesión gubernamental. La narrativa oficial insiste en que se trata de “consensos” internos, pero actores políticos y militantes morenistas denuncian un despliegue inédito de recursos económicos, materiales y humanos que vulnera la equidad del proceso.

Brigadas, promoción personalizada, eventos multitudinarios y una presencia permanente en medios locales han sido interpretados como parte de una estrategia anticipada que recuerda los viejos métodos que Morena prometió desterrar. La paradoja es evidente: mientras la dirigencia nacional habla de democracia interna, en Tlaxcala se consolida la percepción de una imposición descarada.

El mensaje de Luisa María Alcalde va a resonar con fuerza en el Palacio de Gobierno de Tlaxcala. Si realmente “se acabaron los dedazos”, la primera obligada a demostrarlo es Lorena Cuéllar. De lo contrario, la reforma quedará como una consigna vacía frente a un aparato estatal volcado a favorecer a un aspirante.

Tlaxcala no merece repetir la historia de decisiones tomadas desde la cúspide del poder, esas viejas prácticas del PRIAN que nadie en la entidad quiere. “Morena debe ser ejemplo de procesos de selección de candidatos transparente, competitivo y auténticamente democrático que devuelva credibilidad a las instituciones y a la palabra empeñada por nuestra Presidenta”.

Hoy más que nunca, la ciudadanía observa y toma nota de cada movimiento, de cada recurso utilizado y de cada silencio cómplice. La congruencia entre discurso y práctica será la verdadera prueba de fuego para un gobierno que prometió transformación y corre el riesgo de reproducir las mañas del pasado.

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