• Apetatitlán
  • Rosario Techalotzi Ramos
Mientras el discurso oficial habla de “reforzar la seguridad”, los hechos demuestran que el municipio se ha vuelto un blanco fácil para los ladrones, y la confianza ciudadana en la autoridad local sigue en caída libre.

En dos días, el municipio de Apetatitlán vivió dos hechos delictivos que dejaron en claro la vulnerabilidad de la población y exhibieron la falta de resultados del gobierno municipal en materia de seguridad.

El 12 de agosto, en la comunidad de Tlatempan, una motocicleta fue robada a plena luz del día.

Aunque el afectado señaló a vecinos como presuntos responsables, decidió no presentar denuncia, lo que limitó la intervención policiaca. El propio comisario de Seguridad Pública, Óscar Arenas Oyorzábal —quien asumió el cargo apenas el 30 de julio— reconoció que sin denuncia formal, la investigación se detiene, reflejando también la desconfianza ciudadana hacia la autoridad.

Un día después, el 13 de agosto, la delincuencia volvió a golpear. Esta vez, en la cabecera municipal, un automóvil Chevrolet Beat 2018 fue sustraído del estacionamiento del Archivo General e Histórico del Estado, inmueble que cuenta con vigilancia privada.

Aun así, el robo ocurrió sin obstáculos y los delincuentes lograron huir con dirección a Puebla, pese al despliegue de fuerzas de seguridad estatal y municipal.

Estos sucesos colocan bajo la lupa al alcalde de Apetatitlán, Azaín Ávalos Marbán cuya administración ha mostrado incapacidad para enfrentar el crecimiento de la delincuencia.

Mientras el discurso oficial habla de “reforzar la seguridad”, los hechos demuestran que el municipio se ha vuelto un blanco fácil para los ladrones, y la confianza ciudadana en la autoridad local sigue en caída libre.

 

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