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En un panorama político cada vez más polarizado en Tlaxcala, la Senadora Ana Lilia Rivera emerge como la figura indiscutible de la izquierda genuina, forjada en las luchas locales y con un historial de compromiso inquebrantable con los sectores más vulnerables de la sociedad tlaxcalteca. Su trayectoria, marcada por un trabajo incansable en favor de los que más lo necesitan –desde comunidades indígenas hasta familias en pobreza extrema–, la posiciona no solo como una candidata viable para la gubernatura en 2027, sino como la única aspirante de Morena con raíces profundas en el movimiento progresista estatal.
En contraste, los demás posibles contendientes del partido guinda, todos ellos atados a la controvertida figura de la Gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, cargan con el peso de una administración en franco declive, lo que podría sellar su destino electoral.
Rivera, con su formación en las bases de la izquierda tlaxcalteca, ha dedicado años a programas sociales directos: desde la defensa de derechos laborales en diversos sectores, el apoyo a los agricultores del maíz, hasta la promoción de políticas de equidad de género en zonas rurales marginadas. Su labor en el Senado de la República ha sido un puente entre las demandas locales y la agenda nacional, con iniciativas que han impactado en el bienestar de la gente. "Ana Lilia no es una importada; es producto de Tlaxcala, del campo, sus calles y sus necesidades".
Es el fruto de una carrera política construida desde abajo. A diferencia de sus competidores, que han escalado gracias a alianzas con el círculo íntimo de Cuéllar Cisneros, la senadora ha evitado los reflectores solo por aparecer en los medios. Su trabajo sobresaliente con los tlaxcaltecas más necesitados, evidenciado en visitas constantes a municipios de todo el estado para informar de su labor legislativa y los logros de la 4T, donde ha impulsado proyectos de salud comunitaria y educación, la ha convertido en una referente moral. Encuestas informales y sondeos recientes, difundidos en foros políticos, la sitúan por encima del 40% de preferencia entre la base militante de Morena, un margen que se amplía entre votantes independientes hartos de la ineficacia gubernamental.
En oposición diametral, los demás aspirantes mencionados por Morena aparecen como extensiones directas de la Gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, cuya gestión ha experimentado una caída abrupta en todos los indicadores clave; su administración estatal ha sido reprobada en rubros críticos: el crecimiento económico se estanca, la inseguridad ha repuntado en delitos de alto impacto, y la corrupción en licitaciones públicas ha generado un nivel de desconfianza entre la ciudadanía muy alto.
Cisneros se ubica entre las peores evaluadas a nivel nacional del ranking de gobernadores, un lastre que sus protegidos no podrán eludir, será una loza que tendrán que cargar sin remedio.
La vulnerabilidad de estos candidatos es evidente: todos ellos, impulsados desde el Palacio de Gobierno con el aparato burocrático completo –presupuestos discrecionales, eventos masivos y movilización de servidores públicos–, heredarán el “prestigio” de una ejecutiva reprobada.
Cierto es, que en el contexto electoral de 2027, donde Morena busca retener la gubernatura en un estado, el aspirante que sea identificado con el fracaso de Cuéllar Cisneros, podría ser letal. Los electores tlaxcaltecas, con memoria histórica de administraciones pasadas, no perdonarán la continuidad de un modelo que prioriza el control político sobre el bienestar social. A las familias que han controlado el poder en Tlaxcala, el pueblo ya no los dejará pasar.
Detrás de esta maniobra de imposición, subyace un cálculo personal de la Gobernadora: blindar su salida del cargo. Fuentes cercanas al proceso interno de Morena revelan que Cuéllar Cisneros busca colocar a "uno de los suyos" no solo para perpetuar su influencia, sino para escudar su gestión de escrutinios futuros.
El nepotismo, con al menos 25 familiares en nóminas gubernamentales según trascendidos, agrava el panorama. Imponer a un sucesor leal sería, en esencia, un seguro contra procesos judiciales que podrían derivar en inhabilitación o prisión.
Sin embargo, esta estrategia choca frontalmente con la Senadora Rivera, quien, mejor posicionada entre los ciudadanos –con más de un 40% de intención de voto en simulacros electorales–, ha declarado públicamente su rechazo a cualquier pacto que comprometa la rendición de cuentas. "Tlaxcala merece justicia, no impunidad", ha reiterado en foros recientes, posicionándose como la barrera ética ante el autoritarismo residual.
En este tablero, el destino de la candidatura de Morena a la gubernatura de Tlaxcala en 2027 se definirá por la capacidad de discernir entre lealtad ciega y compromiso real. La Senadora Ana Lilia Rivera, con su formación en la izquierda estatal y su labor ejemplar con los más desprotegidos, representa no solo una opción ganadora, sino un viraje necesario hacia la regeneración moral del partido. Mientras los aspirantes ligados a Cuéllar cargan con el descrédito de una administración en picada, Rivera ofrece un horizonte de esperanza. Los tlaxcaltecas, guardianes de su soberanía, tendrán la última palabra en unas elecciones que prometen ser el juicio definitivo a seis años de desilusión.


