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  • Martin Ruiz
Un silencio ensordecedor de la mandataria que indigna a todos.

En un nuevo capítulo de desprecio hacia la identidad tlaxcalteca, la escritora y periodista Sabina Berman ha utilizado el gentilicio "tlaxcalteca" como un insulto despectivo en la plataforma X, al referirse a la senadora Lilly Téllez como la "María Corina Machado tlaxcalteca". Y aquí en el Estado, el silencio ensordecedor de la Gobernadora Lorena Cuéllar ante tal afrenta, resulta indignante e inexplicable.

Esta expresión de Berman evoca el viejo estigma histórico que etiqueta a los tlaxcaltecas como traidores, un prejuicio arraigado en interpretaciones sesgadas de la Conquista, ignorando que Tlaxcala fue una nación indígena independiente que forjó alianzas estratégicas para derrocar al imperio mexica opresor.

La reacción de personajes de la política de Tlaxcala llegó, tarde, pero llegó. La senadora Anabell Ávalos Zempoalteca (PRI) calificó las palabras de Berman como "despectivas e inaceptables", afirmando con orgullo que "Tlaxcala no es un insulto: es raíz, es identidad y es una de las aportaciones más relevantes en la construcción de México". 

Por su parte, la exlegisladora Adriana Dávila Fernández (PAN) aclaró que Téllez ni siquiera es tlaxcalteca (es sonorense) y enfatizó: "Tlaxcala no es insulto ni muletilla retórica", denunciando que tales comentarios revelan "prejuicios e ignorancia". Ambas exigieron respeto a la entidad fundacional de la nación y una disculpa pública a Berman, quien hasta el momento guarda silencio.

Sin embargo, la ausencia que más indigna más no sorprende, es la reacción de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros. Mientras figuras de oposición defienden con vehemencia la dignidad de Tlaxcala y su historia, la mandataria estatal, quien debería ser la primera voz en la protección de su pueblo,  opta por un silencio cómplice y vergonzoso, esconder la cabeza. ¿Dónde está la condena oficial? ¿Dónde la exigencia de retractación? ¿Dónde la defensa apasionada de la identidad tlaxcalteca que Cuéllar Cisneros tanto presume en sus discursos vacíos?

Este mutismo no es casual porque revela, una vez más, la indiferencia de una gobernadora que parece más preocupada por su imagen personal que por el honor de su estado. O quizá simplemente no sabe qué decir, lo cual no nos extrañaría. La ignorancia histórica que critica en Berman parece reflejarse en su propia incapacidad para articular una respuesta firme y oportuna. ¿Acaso Lorena Cuéllar ignora el peso simbólico de Tlaxcala en la historia mexicana? ¿O es que, en el fondo, le importa poco una afrenta que no toca directamente su círculo político?

El silencio de Cuéllar Cisneros ante esta ofensa indignante no solo es una traición a los tlaxcaltecas, sino una muestra más de su falta de sentido con la realidad, la historia y la cultura de su pueblo. Mientras Ávalos y Dávila alzan la voz desde la oposición, la titular del Ejecutivo estatal se esconde. Y en política, el silencio ante una afrenta es la peor de las complicidades y simplemente ineptitud.

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