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La senadora por Tlaxcala, Ana Lilia Rivera, ha respondido con firmeza, elegancia y solidez intelectual a la escritora Sabina Berman, quien utilizó el término "tlaxcalteca" como un adjetivo peyorativo en la red social X.
Todo inició cuando Berman, en un tuit del 6 de enero, calificó a Lily Téllez como "nuestra María Corina Machado tlaxcalteca", aludiendo a una supuesta alianza con fuerzas extranjeras en el contexto político latinoamericano. La connotación era clara: evocar el viejo estigma de "traición" asociado históricamente a los tlaxcaltecas por su alianza con Hernán Cortés contra el imperio azteca. Un símil que, aunque Berman lo defendió posteriormente como "metafórico" y no insultante, hirió la sensibilidad de un pueblo entero y perpetuó un prejuicio arcaico y injusto.
La respuesta de la senadora Ana Lilia Rivera no se hizo esperar. En un mensaje publicado en X, dirigido directamente a @sabinaberman, la legisladora morenista desplegó una defensa magistral, respetuosa pero inquebrantable, que no solo pone en su lugar a la intelectual, sino que reivindica con hechos históricos la gloria y el aporte indispensable de Tlaxcala a la nación mexicana.
"Estimada @sabinaberman, siempre he respetado tu trayectoria y tu voz crítica. Por eso me sorprende y preocupa que utilices 'tlaxcalteca' como descalificación", inicia Rivera, marcando un tono de respeto inicial que contrasta con la contundencia de su argumento posterior. La senadora, orgullosa tlaxcalteca, madre y campesina, recuerda su labor en el Senado para erradicar precisamente ese "estigma histórico" que Berman revivió con ligereza.
Con precisión quirúrgica, Rivera desmonta el mito: "Tlaxcala fue un pueblo autónomo, que nunca estuvo sometido ni tuvo deber alguno de lealtad o sumisión frente a otros poderes mesoamericanos. Las decisiones tomadas en 1519 respondieron a la defensa de su autonomía y supervivencia política". No fue traición, sino una estrategia de un pueblo libre frente a la opresión azteca. Además, destaca el rol crucial de la "diáspora tlaxcalteca" en la época colonial, fundamental para el poblamiento, la agricultura y la economía del norte del país: "México, como lo conocemos, no se explica sin ese evento".
La senadora concluye con una invitación a la reflexión, pero no sin antes subrayar el daño causado: "Normalizar 'tlaxcalteca' como descalificación daña la imagen y el prestigio de un estado soberano y de su pueblo". Una frase que resuena como un llamado a la responsabilidad intelectual, especialmente proveniente de alguien de la "talla" de Berman.
Esta respuesta no es solo un tuit: es un acto de dignidad histórica. Ana Lilia Rivera, quien ha dedicado parte de su carrera legislativa a promover la reivindicación de Tlaxcala –incluso impulsando cambios en los libros de texto para corregir narrativas erróneas–, demuestra una vez más por qué es una de las voces más sólidas en el Senado. Su intervención ha sido aplaudida por miles, recordándonos que el debate político debe sustentarse en hechos y respeto, no en estereotipos que perpetúan divisiones.
En un país donde la historia sigue siendo terreno de batalla ideológica, la firmeza de Rivera brilla como un ejemplo: defender el honor de su pueblo no requiere agresividad, sino conocimiento, orgullo y convicción. Tlaxcala no merece ser muletilla de nadie; merece, como bien lo expresa su senadora, respeto pleno por su contribución eterna a México.
El episodio deja una lección clara: subestimar la memoria histórica de un pueblo como el tlaxcalteca solo expone la fragilidad de quien lo intenta. Ana Lilia Rivera no solo defendió a Tlaxcala, dejó muy clara su grandeza.



