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Desde ayer en la tarde y durante la noche desaparecieron bardas alusivas a la campaña de promoción del delfín Alfonso Sánchez.

Esta operación de "limpieza" exprés no es más que un intento patético de maquillar la realidad ante la mirada federal. Todo, por la visita de este sábado 14 de febrero de la Presidenta Claudia Sheinbaum y evitar se percate de los abusos de poder de la gobernadora por las vías que transitará en Tlaxcala.

Durante semanas, las bardas de múltiples municipios tlaxcaltecas —incluyendo las rutas visibles hacia San Pablo del Monte y Tlaxco— se llenaron de pintas con frases como tal municipio "va con él” o “Él es Alfonso Sánchez”, acompañadas de corazones y símbolos que delatan una promoción personalísima y anticipada, violando flagrantemente la ley electoral.

Estas pintas no surgieron de la nada: forman parte de una maquinaria perversa financiada con recursos públicos, operada por el gabinete de Cuéllar y sus operadores más cercanos, con el fin de imponer a Sánchez García como sucesor y perpetuar el feudo familiar del Clan Cuéllar-Sánchez García.

El colmo del cinismo radica en que, mientras el alcalde capitalino se deslinda públicamente de estas pintas —alegando que no las autorizó y que incluso procedió ante autoridades—, el borrado masivo con pintura blanca se ejecutó justo un día antes de la llegada de Sheinbaum.

¿Coincidencia? Nadie en Tlaxcala lo cree. Es una maniobra burda para que la presidenta no vea el desmadre: un "cochinero" de bardas, propaganda impresa, tamalizas clientelares, extorsiones a servidores públicos y desvío de fondos que busca torcer la encuesta interna de Morena y aplastar a competidores como la senadora Ana Lilia Rivera, quien lidera en mediciones independientes.

Este acto no solo revela el miedo del Clan a la transparencia federal, sino su desprecio absoluto por la democracia. En lugar de competir limpiamente, prefieren esconder la mugre bajo capas de pintura blanca, como si un borrón pudiera eliminar las evidencias de abuso de poder, nepotismo e impunidad que han convertido a Tlaxcala en un coto privado.

La gobernadora Cuéllar, que llegó al poder prometiendo transformación, hoy encarna lo peor del viejo priismo: imposición, simulación y cinismo sin límites.

Mientras Sheinbaum supervisa proyectos estratégicos y se reúne con Cuéllar, los tlaxcaltecas saben la verdad: detrás de la fachada "limpia" hay un grupo desesperado por retener el poder a cualquier costo, incluso si eso implica violar la ley y engañar a la presidenta de la República.

Este viernes de pintas borradas quedará como símbolo de la decadencia moral del Clan Cuéllar-Sánchez García: un grupo que no tolera que la luz federal ilumine su cochinero electoral.

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