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En un burdo intento por maquillar el fracaso en materia de seguridad, el alcalde de Tlaxcala, Alfonso Sánchez García, se jacta de "cumplir con la estrategia nacional de seguridad" de la presidenta Claudia Sheinbaum, como reza un mensaje promocional difundido en medios afines al gobierno estatal y que gozan de jugosos convenios económicos opacos. Siguen desviando recursos del presupuesto estatal para la ilegal campaña electoral del delfín.
Pero los datos duros desmienten esta farsa: en diciembre de 2025, el 69.7% de los habitantes mayores de 18 años en la capital perciben inseguridad, un aumento de 5.5 puntos respecto a diciembre de 2024, según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI. Esta cifra coloca a Tlaxcala por encima de la media nacional del 63.8%, revelando un deterioro alarmante bajo la administración morenista.
Lejos de la propaganda orquestada por el gobierno de Lorena Cuéllar, que inunda medios con narrativas de "eficiencia" y "paz desde el territorio", la realidad es cruda.
En septiembre de 2025, la percepción subió al 71%, un incremento de 15 puntos en un año, posicionando a la entidad en el noveno lugar nacional de mayor inseguridad percibida con un 77.3% en otras mediciones.
Incidentes como riñas y homicidios en bailes sonideros, desvalijamientos en vía pública, asaltos a comercios y extorsiones a los comerciantes denunciadas por la Coparmex Tlaxcala proliferan, mientras Sánchez García presume "avances significativos" en ruedas de prensa y decenas de boletines engañosos que quieren hacer pasar por notas periodísticas, ignorando demandas ciudadanas por vialidades destrozadas y corrupción al interior de la administración muncipal.
Esta campaña mentirosa forma parte de una estrategia cínica de posicionamiento para imponer a Sánchez García como delfín de Cuéllar en la candidatura de Morena para la gubernatura en 2027.
Acusaciones de actos anticipados de campaña abundan: pintas de bardas, espectaculares con eslóganes como "Tlaxcala va con él" y desvío de recursos públicos, todo patrocinado por la gobernadora. Extorsiones a trabajadores para apoyar su candidatura y cooptación de estructuras estatales evidencian un regreso al peor priismo, disfrazado de transformación.
Detrás de esta imposición se señala al controvertido Eukid Castañón, exdiputado poblano y aliado oportunista de Morena, conocido por escándalos de extorsión y espionaje, como el arquitecto de esta "delincuencia electoral". Su reaparición en círculos cercanos a gobernadores como Cuéllar huele a impunidad, diseñando una maquinaria que prioriza ambiciones personales sobre la seguridad real.
La evaluación de Sánchez es desastrosa: encuestas lo colocan en el último lugar nacional con aprobaciones por debajo del 30%, reprobado por ineficiencia en seguridad y servicios. Tlaxcala merece más que mentiras y delfines impuestos. Esta farsa no solo engaña, sino que perpetúa el caos, mientras Cuéllar y su séquito sacrifican el bienestar por poder.


