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  • Luis Castillo
Cinismo sin límites de Alfonso Sánchez García: lonas ilegales, gasto doble, tapando su propia propaganda en Tlaxco y Apizaco.

El alcalde de Tlaxcala capital y autoproclamado “delfín” de la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, Alfonso Sánchez García, permite —o más bien orquesta— una orgía de propaganda ilegal que ahora invade los municipios de Tlaxco y Apizaco. 

Las imágenes que circulan este fin de semana hablan solas: lonas y espectaculares con frases como “En esta familia estamos con Él” y “Mi corazón es para Alfonso Sánchez” aparecen colgados por brigadas enviadas desde los ayuntamientos locales, encabezados por los alcaldes Diana Torrejón en Tlaxco y Javier Rivera Bonilla en Apizaco.

Lo más indignante no es solo la violación flagrante a la ley electoral —actos anticipados de campaña prohibidos por el INE y el artículo 134 constitucional—, sino el método cínico empleado: estas nuevas lonas se colocan deliberadamente tapando las pintas y bardas previas que ya promovían al mismo Sánchez García. 

Doble gasto de recursos, doble contaminación visual del espacio público y doble dosis de cinismo. Dinero que, según la cantaleta repetida por el aspirante y su madrina Cuéllar, jefa del Clan Cuéllar-Sánchez, “no saben quién lo hace”. Una mentira tan burda que insulta la inteligencia de cualquier tlaxcalteca.

Vecinos de ambas demarcaciones han denunciado que son precisamente funcionarios y brigadistas municipales los que instalan esta propaganda facciosa, financiada con fondos públicos o favores opacos. 

Mientras Sánchez García se deslinda en entrevistas con cara de santo —“yo no autoricé nada”—, la maquinaria sigue operando a todo vapor: lonas que cubren bardas, dinero que desaparece y una miopía selectiva que le impide ver lo evidente. ¿Ausencia de vergüenza? Más bien, arrogancia absoluta.

Esto es un patrón sistemático de abuso de poder que busca imponer al “delfín” como sucesor a toda costa, pisoteando la ley, el erario y la decencia. 

La pregunta ya no es si Sánchez García sabe quién coloca las lonas, sino cuánto tiempo más permitirá la ciudadanía este circo de impunidad antes de exigir consecuencias reales.

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