En Tlaxcala, la política de "inflar" candidatos con encuestas a modo ya no engaña a nadie; solo evidencia la inseguridad de un aspirante que, sin el empuje del poder estatal, difícilmente caminaría solo.
En lugar de fortalecer el puente entre gobierno y ciudadanía, se ha convertido en un lastre constante, alimentado por discursos torpes, señales contradictorias y un estilo que desgasta más de lo que informa.