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La asamblea sindical ordinaria terminó convertido en un espectáculo de caos, gritos, abucheos y acusaciones de abuso de poder, después de que la secretaria general del Sindicato “7 de Mayo”, Karina Erazo Rodríguez, rindiera su informe anual este viernes en el Centro Cultural Universitario.
Desde el inicio, el ambiente se enrareció cuando la secretaria general, según denunciaron asistentes, volvió a imponer su voluntad con amenazas veladas, advirtiendo que quien se atreva a contradecirla podría ser sancionado conforme a estatutos, ya sea con suspensión de derechos u otros castigos internos que muchos calificaron como persecución contra la disidencia.
Pero además del clima de intimidación, el contenido del informe terminó de encender los ánimos. Trabajadores lo calificaron como “escandalosamente escueto”, sin resultados, sin beneficios para la base, sin inversiones, sin progreso y sin ningún tipo de desarrollo sostenible para los trabajadores. Prácticamente —señalaron— fue un conteo superficial de unas cuantas reparaciones menores dentro del propio sindicato y algunos inmuebles, sin obras nuevas, sin proyectos verdaderos y sin visión de crecimiento.
Para muchos, el documento exhibió un sindicato estancado, sin avances laborales, sin incrementos reales, sin programas formativos, ni mejoras en infraestructura, lo que evidenció una gestión centrada únicamente en el control político y no en la defensa de los trabajadores.
Como si eso fuera poco, el evento detonó aún más molestia cuando se impidió el acceso al grupo opositor identificado con Luis Miguel Ordóñez, quienes denunciaron que fueron bloqueados a la entrada para evitar su participación.
Para trabajadores inconformes, esta maniobra fue la prueba de que la secretaria general necesita silenciar a quien no la aplaude para sostener su liderazgo.
Durante la asamblea, cuando una trabajadora expresó su inconformidad con rechiflas y comentarios, secuaces de Erazo Rodríguez la habría callado, según testigos, para impedir que continuara manifestando su molestia. La escena fue vista como un intento de censura interna y una violación abierta al derecho a la libertad de expresión dentro de una organización que debería garantizar participación democrática.
El resultado fue un ambiente polarizado, donde la consigna no escrita parecía ser “quien no esté con ella, está contra ella”, alimentando un clima de miedo, presión y disciplina forzada entre la base trabajadora.
Peor aún, ante la desaprobación que goza la secretaria muchos de los asistentes se encontraban durmiendo viendo su celular o incluso hasta charlando pero lo que menos les importó fue poner atención a un informe plagado de inconsistencias y de ilegalidad demostrando así un sindicato debilitado, dividido y sin rumbo, dirigido por una secretaria general que se atrinchera en el poder mientras la base no recibe beneficios reales, ni mejoras salariales, ni infraestructura, ni proyectos, una dirigencia basada en el hostigamiento y la censura


