La percepción no mide incidencia delictiva real, pero sí revela un fracaso en generar tranquilidad efectiva. En Tlaxcala urge revisar políticas: mayor transparencia en indicadores, inversión focalizada en prevención comunitaria —no solo reactiva— y evaluaciones independientes. De persistir esta brecha entre cifras oficiales y sentir ciudadano, el temor seguirá minando la gobernabilidad y la calidad de vida en la entidad.