Mientras Lorena Cuéllar Cisneros celebra índices delictivos bajos y presume sentencias por casos del pasado, en el sur de Tlaxcala la explotación sexual sigue ocurriendo a plena luz del día, en las mismas carreteras estatales, ante la mirada indiferente —o cómplice— de un gobierno que parece más interesado en limpiar la imagen que en salvar vidas.